domingo, 2 de agosto de 2009

Paula Jaraquemada

¿Quién es Paula Jaraquemada Alquizar?

Nació en santiago el 18 de junio de 1768. Fueron sus padres don Domingo de Jaraquemada y la señora Cecilia de Alquizar. Dotada doña Paula Jaraquemada de muchas virtudes, se distinguió por su enérgico carácter y valor heroico durante la revolución de la independencia.

Apoyo a la Independencia:

El 19 de Marzo de 1818, informada del desastre de Cancharrayada, reunió a los inquilinos de su hacienda de Paine y los armó, colocando a su hijo a su cabeza, para ofrecerle su ayuda a San Martín, que había de pasar por allí en su retirada hacia Santiago.
Al llegar el organizador del Ejército de los Andes, le ofreció ayuda de aquel grupo de patriotas y cuantos elementos podía disponer. San Martín aceptó este oportuno auxilio y pronto se convirtió la hacienda de Paine en el cuartel general del ejército en retirada. Doña Paula Jaraquemada dio a San martín y sus guerreros, alimentos, caballos, pertrechos y cuando preciso para prepararse a sostener la última batalla que debía tener lugar en los llanos de Maipú. Desde aquel lugar, que fue cuartel, hospital de sangre para los heridos de Cancharrayada, almacén de víveres y salvador asilo para los vencidos, San Martín impartió las primeras órdenes tendientes a reorganizar al ejército que después vencería en Maipú.
Cumplida su misión de ayuda se disponía doña Paula Jaraquemada a replegarse sobre Santiago cuando una mañana fue sorprendida por la visita de una partida de soldados españoles cuando “se encontraba sentada en uno de los corredores de su casa solariega…tomando el clásico mate de nuestros abuelos, costumbre antigua que con la libertad vino a hacerse más característica de nuestro país”. (T. Medina).
La señora Jaraquemada, conocida en los alrededores por su opulencia, fue visitada por la avanzada enemiga en atención a su notorio patriotismo. Los españoles acostumbraban hacer estas visitas a las haciendas patriotas para hacer requisiciones de víveres, forraje y animales para la tropa, como contribución forzada de guerra.
Al llegar el oficial de la partida militar española a los umbrales de la puerta de la casa, sin saludar a la señora le gritó estas poco corteses palabras: “Las llaves de la bodega”, a lo que ella replico: “¿Necesita usted víveres? Los tendrá en abundancia”. El soldado contestó: “Las llaves pido”. Doña Paila dijo, por única respuesta: “Las llaves no se las entregaré jamás. Nadie sino yo manda en mi casa”.
Ofuscado por la cólera, el oficial ordenó entonces a sus soldados que hicieran fuego sobre esa mujer que no permitía la violación de su domicilio. Ella entonces avanzó hacia los soldados españoles y tocando con su pecho los fusiles que le iban a dar la muerte, los desafió a proceder.
El oficial enemigo se sintió entonces dominado por la mirada y la actitud decidida por la valerosa mujer. Pero, loco de furor, mandó que prendieran fuego a la casa para castigar la rebeldía de la propietaria. Doña Paula Jaraquemada se volvió al corredor y con el pie hizo rodar el brasero tradicional, lleno de carbones encendidos, exclamando: “¡Ahí tienen fuego!”.
Humillado y perplejo el oficial español no supo qué hacer; luego dio vuelta las bridas de su caballo y partió arrojando por único desquite un torrente de juramentos. La heroína criolla había vencido con su entereza al invasor de su hogar.

Después de la Independencia:

Concluida la guerra de la independencia, esta noble matrona se consagró al ejercicio de la caridad. Abandonó el ambiente de alta sociedad donde había vivido y recorrió las viviendas de los pobres llevándoles sus recursos. También visitaba las cárceles, los hospitales y los asilos, consolando las desaventuras de los más humildes. Hasta poco antes de su muerte, rigió una prescripción oficial que le permitía el libre acceso a las prisiones, donde iba a socorrer a los reos con ayuda humanitaria y más de una vez salvó condenados de la pena capital. La casa correccional de mujeres de Santiago le debió la introducción de considerables mejoras en beneficio de las detenidas.
Doña Paula Jaraquemada, querida y respetada por todos, falleció en Santiago en Septiembre de 1851.

5 comentarios: